Hola a
todos. Por acá de nuevo,con ustedes. Mientras le hago una revisión al libro, para una
segunda edición, esta vez no digital, sino en papel; abordaré temas diversos, del diario vivir, que contribuyan
a la reflexión y de ser posible te impulsen a compartir tu opinión.
Hoy
mientras me desplazaba en el metro de Panamá, conocía a dos personas
maravillosas, una de ellas, un hombre con una prótesis que reemplazaba su brazo derecho, que abordó el tren con una voz suficientemente
fuerte para hacerse notar, pero no tan exagerada que molestase. A su entrada anunció:
¡discapacitado! de inmediato me levanté
y le cedí el puesto, al igual que la otra dama que iba al lado y que es la
segunda persona de quien les hablo, sobresaliente por su amabilidad.
Acto seguido la persona entabló una
conversación que giró, al principio, y
de manera humorística, sobre su dificultad de levantar sobre todo, ciertos especímenes, con una prótesis, y luego en torno a la necesidad de agregarle
un nuevo vagón, al medio de trasporte que a las horas pico se congestiona.
Les
menciono que era una persona distinta, porque a mi manera de ver, es un claro
reflejo del tema que hoy quiero comentarles, me refiero a la asertividad. Hay tres
cosas que hizo esta persona, que ilustra el proceder de una persona asertiva:
Exigió su derecho con firmeza, pero no fue chocante, ni grosero, mucho menos agresivo. La persona asertiva sabe exigir cuando sus derechos son vulnerados, pero sin
menoscabo del otro; un ejemplo de esto, sería, si recibes un mal servicio, o compras algo, y posteriormente compruebas que te lo entregaron en mal estado, o dañado, vuelves a la tienda o comercio y exiges el reembolso del dinero, o reparación del artefacto, pero lo haces con un trato amable. La persona no asertiva
sencillamente diría, no importa yo lo arreglo, o dice, me salió mal, que le
vamos a hacer; asumiendo así una exagerada pasividad en perjuicio de sus finanzas.
La asertividad nos sirve para
llevar una vida sin sentirnos atropellados por otros, y además, para saber reclamar
nuestros derechos, sin violencia. En el caso señalado, la persona sin agraviar a los demás, exigió la silla que por su condición física le corresponde, .
Entró con una buena actitud y la mantuvo durante el recorrido. En
ningún momento renegó de su incapacidad, aun cuando habló de ella, ni mostró
sentirse inferior porque le faltaba un brazo. Al no hacerlo la atención se
dirigió hacia otras partes de su personalidad, en este caso, al hecho de que
era un buen conversador. Como ustedes saben, mientras más escondemos alguna
imperfección más visible se hace. Tampoco le oí culpar a otros por su dificultad.
La
actitud positiva es la carta de presentación de una persona asertiva, y suele generar
un ambiente alegre y contagioso a su alrededor. Por momentos me percaté que
esto estaba ocurriendo, los rostros cansados de algunos se tornaron más
expresivos y atentos a lo que este hombre decía, parecía que le transmitía una sensación
de amistad, pese a ser un verdadero
desconocido.
En tu vida
personal y laboral, tu actitud hará la diferencia. Una buena, le dará valor
agregado a quienes te rodean y acompañan; una pésima actitud, ahuyentará a las personas
y te hará foco de innumerables problemas,
es por eso que una persona asertiva de caracteriza por una actitud positiva.
Valoró a su entorno mediante la comunicación. El
ser retraído, evasivo, o poco comunicativo, nos priva de obtener algunos logros.
Es verdad que la vida moderna nos hace desconfiar de todos, y que factores
culturales promueven mantener distancia, pero para alcanzar nuestros objetivos; tal como he mencionado en otros post, el
factor determinante es la gente. Así que una persona asertiva se enfoca en
aprender a conocer a los demás, y a relacionarse con ellos, bien sea porque le
gusta interactuar con sus semejantes, o porque es una importante forma de echar
adelante sus proyectos.
Saludos. Nuevos retos te esperan, practica la asertividad.
Me gustaría
saber tu opinión, por favor escríbe a: henryhescritor@gmail.com